Historia de San Ignacio (primera parte)
[12/10/2007 4:39 am]
Iñigo Oñaz de Loyola S.J. nació en Azpeitia el  24 de diciembre de 1491; fallecio en Roma el 31 de julio de 1556. Militar castellano y religioso católico, patrón de Guipúzcoa y poeta. Fundador de la Compañía de Jesús y el primer general de la orden. Elevado a los altares de la iglesia como San Ignacio de Loyola.

Su nombre

Las referencias de la propia Compañía de Jesús nombran a Ignacio como Íñigo López de Loyola aunque por los apellidos de sus progenitores debería ser Iñigo de Oñaz y Loyola.

Entre 1537 y 1542 cambió el nombre de Íñigo por el de Ignacio, como él mismo decía por ser más común a las otras naciones o por ser más universal. Es también conocido por la versión latina de su nombre, Ignatius de Loyola.

Niñez

Siendo el menor de los varones de trece hermanos, Ingacio no fue el segundón de su familia. Su destino estaba claro, ser hombre de armas o dedicarse a Dios. Su niñez la pasó en el valle de Loyola entre las villas de Azpeitia y Azcoitia en compañía de sus hermanos y hermanas. Su educación debió ser marcada por las directrices del duro mandoble y del fervor religioso, aunque nada cierto se sabe de la misma.

Ignacio de Loyola descubrió los principios del romanticismo con sus cantos a su padre. La relación con su padre era muy intensa.

Juventud

El año 1506 o 1507, coincidiendo con la muerte de su madre, el Contador Mayor de Castilla, Juan Velázquez de Cuéllar, pide al Señor de Loyola que le mande un hijo suyo para tenerlo como propio. Entre los hermanos se decide mandar al menor, a Ignacio, que va a Arévalo donde pasaría un mínimo de once años, hasta 1517, realizando frecuentes viajes a Valladolid y manteniéndose siempre muy cerca de la Corte, ya que su protector era Consejero Real además de Contador.

En este tiempo aprende lo que un gentilhombre debe saber, el dominio de las armas. La biblioteca del Arévalo era rica y abundante, lo que dio alas a su afición por la lectura, y en cuanto a la escritura, no dejó de pulir su buena letra. Se le consideró un muy buen escribano. Él mismo califica esos tiempos como dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra
.
En 1517 Velázquez de Cuéllar cae en desgracia (al morir Fernando el Católico) y al año muere. Su viuda, María de Velasco, manda a Ignacio a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, que era virrey de Navarra, donde dio muestras de tener ingenio y prudencia, así como noble ánimo y libertad. Esto quedó reflejado en la pacificación de la sublevación de Najéra en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en conflictos entre villas de Guipúzcoa en los cuales destaca por su manejo de la situación.

En 1512 las tropas castellanas conquistan el Reino de Navarra, con varios episodios bélicos posteriores. En 1521 se produce una incursión por tropas franco-navarras procedentes de Baja Navarra en su intento de reconquista y expulsión del invasor, en las que participaban los hermanos de Francisco Javier. Al mismo tiempo se subleva la población de varias ciudades, incluida la de Pamplona. Ignacio, que lucha con el ejército castellano y se encuentra en Pamplona en mayo de ese año, cuando llegan las tropas franco-navarras, resiste en el castillo de la ciudad, que es asediado, arengando a sus soldados a una defensa que resultaba imposible. En el combate es alcanzado por una bala de cañón, una bombacha, que atraviesa entre sus dos piernas, rompiéndole una e hiriéndole la otra. La tradición sitúa el hecho el 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés. El castillo cae el 23 ó 24 del mismo mes y se le practican las primeras curas y se le traslada a su casa de Loyola.

La recuperación es larga y dolorosa y con resultado dudoso al haberse soldado mal los huesos. Se decide volver a operar y cortarlo, soportando el dolor como una parte más de su condición de caballero.

En el tiempo de convalecencia lee los libros "la vida de Cristo", del cartujo Ludolfo de Sajonia, y el "Flos Sanctorum", que hacen mella en él. Bajo la influencia de esos libros se replantea toda la vida y hace autocrítica de su vida como soldado. Como dice su autobiografía;

Comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en cuanta necesidad tenía de hacer penitencia de ella. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar a los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo lo que deseaba de hacer, luego cuando sanase, era la ida de Jerusalén,

Este deseo se ve acrecentado por una visión de la Virgen con el Niño Jesús, que provoca la definitiva conversión del soldado en religioso. De allí sale con la convicción de viajar a Jerusalén con la tarea de la conversión de los no cristianos en Tierra Santa.


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